P. José Mª Alsina – Una necesidad del Corazón.

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«LA EUCARISTÍA, UNA NECESIDAD DEL CORAZÓN»

Conferencia impartida por D. José Mª Alsina Casanova, superior general de la Hermandad de Hijos de Nuestra Señora del Sagrado Corazón el 29 de Mayo de 2018 con motivo de la III semana cultural Corpus Christi de Talavera de la Reina.

Introducción
He escogido como título de mi exposición “La Eucaristía una necesidad del Corazón”. Descripción muy sugerente del Santísimo Sacramento que realizaba el gran apóstol de la Eucaristía San Julián Eymard, sacerdote francés, del siglo XIX y fundador de la Congregación del Santísimo Sacramento consagrada al culto y apostolado de la Eucaristía. Siendo muy joven, su hermana lo encuentra con la cabeza inclinada y muy cerca del tabernáculo y él le dice: “Es que le escucho y le entiendo mejor así”.
Con el deseo de que cada uno de ustedes puedan tener esta experiencia de reclinar sus cabezas sobre el pecho de Cristo, como hizo el apóstol Juan en la tarde del jueves Santo, para poder escuchar mejor a Jesús y entender mejor el misterio de su amor personal por cada uno, cogidos de la mano de San Julián Eymard vamos a introducirnos en este misterio de la Eucaristía como respuesta a la necesidad que tiene de ella todo Corazón humano.

1.- La razón de la Eucaristía: el Amor que nos tiene Dios


San Agustín de Hipona resumió de un modo bellísimo el sentido de la vida del hombre en aquella expresión conocida: “Nos hiciste Señor para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que no descansa en ti”.
Por muchas vueltas que queramos darle el hombre está hecho para la felicidad y la búsqueda de la felicidad, nos mantiene en estado permanente de inquietud, hasta que como fruto de esa búsqueda nos encontramos con Aquel ante el único que podemos exclamar: ¡Oh Dios Mío, para ti has hecho mi Corazón!
El corazón del hombre tiene por naturaleza necesidad de amar y ser amado, porque venimos de un acto creador que tiene como origen y fuente el Amor de Dios. Todo lo que es Dios y ha salido de sus manos tiene como razón de ser nada más y nada menos que su Amor
Por esta razón cuando nos preguntamos ¿Porqué Dios se hizo hombre? No encontramos otra respuesta que por AMOR… y como prolongación de su Encarnación en el tiempo se ha quedado en la Eucaristía. ¿Por qué ha querido quedarse en la Eucaristía? Y la respuesta es la misma por AMOR; más aún: porque nos ama y desea ser amado por nosotros.
Pensémoslo bien sin la Eucaristía el amor de Jesucristo no sería más que un amor de muerto, un amor pasado, que bien pronto olvidaríamos, olvido que por lo demás sería en nosotros casi excusable.

2.-Notas constitutivas del amor y como éstas quedan satisfechas en la Eucaristía


El amor natural, tal como Dios lo ha puesto en el fondo de nuestro corazón, pide tres cosas: la presencia del amado, comunidad de bienes y unión consumada.


a.- La presencia
Todos hemos tenido la experiencia de que para ser amigos tenemos que estar juntos, vernos a menudo. La distancia debilita los vínculos de la amistad, y por muy arraigada que esté, llega a extinguirla si se prolonga demasiado.
Si nuestro señor Jesucristo estuviese ausente o alejado de nosotros, pronto experimentaría nuestro amor los efectos disolventes de la ausencia.
Jesús en la Última Cena en esa efusión de amor después de la Eucaristía les llama “amigos míos”. “Ya no os llamo siervos sino amigos”, les dijo Jesús a sus discípulos. Explica Santo Tomás de Aquino que el amigo “excita” el deseo de estar con el amigo, de tal manera que ordena las cosas de su vida para estar con el amigo. Sino no es tu amigo.
En el momento supremo de su Pasión Jesús lo ordena todo para poder estar para siempre con los que llama amigos, esta es una de las principales razones de su presencia permanente en la Eucaristía.
La amistad se forja en la presencia y señala Aristóteles“para ser amigos hay que conversar”. Ciertamente, el amor del amigo exige verlo, oírlo y poder conversar con él. Nada hay que pueda reemplazar a la persona amada; no valen recuerdos, obsequios ni retratos… nada: todo eso no tiene vida.
En el Huerto de los Olivos nos dice el Evangelio “abulsus est” (se arrancó), le costó separarse de sus apóstoles… porque como reza el libro de los Proverbios (8, 22-31)

“la delicia de Dios es estar con los hijos de los hombres”.

Provervios (8,22-31)


Para Jesús hay una alternativa… quiere ir al Padre, pero quiere estar con nosotros. Lo que no puede la inteligencia y la voluntad humana lo puede el amor de Dios. De tal modo que podríamos llamar. Eucaristía “El sacramento del irse y el quedarse”. Hagamos un esfuerzo por entrar en este misterio imaginándonos un diálogo entre el Padre y el Hijo. Le dice el Hijo: …esto de que tengo que pasar del mundo a ti… El Padre confirma al Hijo: ¡sí! es el designio eterno… El Hijo parece apuntarle…: ¡pero no podía quedarme un poco más…! He pensado una manera: “transubstanciación” … en el Pan… que está en todos los continentes… El Padre… ¿Has pensado bien que el pan conserve todos los accidentes?… Eso… es mucha humildad… Y sigue el Padre ¿pero a quien damos el poder de transubstanciar? El Hijo no duda en afirmar: ¡A los sacerdotes! Ante la extrañeza de tal locura el Padre le dice: Pero si son hombres, pueden ser sacrílegos, que te dejen en los sagrarios abandonados, que te toquen con manos impuras) … Y concluye Jesús: ¡Padre hazme caso… tengo que quedarme con mis amigos los hombres!
¡Bien lo sabía Jesucristo! Nada hubiera podido reemplazar a su divina persona: nos hace falta El mismo
Escribe el P. Eymard:
“¿No hubiera bastado su palabra? No, ya no vibra; no llegan a nosotros los acentos tan conmovedores de la voz del Salvador.
¿Y su evangelio? Es un testamento.
¿Y los santos sacramentos no— nos dan la vida? Sí, más necesitamos al mismo autor de la vida para nutrirla
¿Y la cruz? ¡La cruz… sin Jesús contrista el alma! Pero ¿la esperanza…? Sin Jesús es una agonía prolongada. Los protestantes tienen todo eso y, sin embargo, ¡qué frío es el protestantismo!, ¡qué helado está!
¿Cómo hubiera podido Jesús, que nos ama tanto, abandonarnos a nuestra triste suerte de tener que luchar y combatir toda la vida sin su presencia?
¡Oh, seríamos en extremo desventurados si Jesús no se hallara entre nosotros! ¡Míseros desterrados, solos y sin auxilio, privados de los bienes de este mundo y de los consuelos de los mundanos, que gozan hasta saciarse de todos los placeres…, una vida así sería insoportable!
.En cambio, con la Eucaristía, con Jesús vivo entre nosotros y, con frecuencia, bajo el mismo techo, siempre a nuestro lado, tanto de noche como de día, accesible a todos, esperándonos dentro de su casa siempre con la puerta abierta, admitiendo y aun llamando con predilección a los humildes! ¡Ah, con la Eucaristía, la vida es llevadera! Jesús es cual padre cariñoso que vive en medio de sus hijos. De esta suerte, formamos sociedad de vida con Jesús.
¡Cómo nos engrandece y eleva esta sociedad! ¡Qué facilidad en sus relaciones, en el recurso al cielo y al mismo Jesucristo en persona!
Esta es verdaderamente la dulce compañía de la amistad sencilla, amable, familiar e íntima. ¡Así tenía que ser!”


b.- La comunidad de bienes
La segunda característica del Amor es que requiere compartir lo que tiene y es.
El amor requiere comunidad de bienes, la posesión común; propende a compartir mutuamente así las desgracias como la dicha. Es de esencia del amor y como su instinto el dar, y darlo todo con alegría y regocijo.
Y en la Eucaristía se cumplen todas estas características del amor: Aquí Jesús no sólo da, sino que se da a si mismo con todos sus dones. Jesús nos llena de su gracia y de su gloria “Mens impletur gratia et futurae gloriae nobis pignus datur”. El alma se llena de gracia y se da la prenda de la gloria futura del cielo.
(San Juan de la Cruz, estrofa 3º, Llamar de amor viva) “Siendo Dios la virtud suma de la humildad con suma humildad y estimación te ama e igualándote así te dice con aquel rostro suyo lleno de gracias no sin gran deleite tuyo: Soy tuyo y para ti y me alegro de ser lo que soy para ser tuyo y darme a ti”. Ante esta expresión tan sorprendente, que no se entiende. Dios se alegra de ser lo que es para darse a ti. Y esto es el Amor que le ha llevado a Jesús hacerse Eucaristía.
Hay mayor declaración de este amor que las palabras del Señor en las que dice: “Si alguno me ama, mi Padre me amará, y yo le amaré y vendremos a El y haremos nuestra morada en El”. O aquellas en las que el Cap. 6 de San Juan nos habla de la Eucaristía: “Quien come mi carne mi sangre y bebe mi sangre, vive en mi y yo en El”.Con el P. Eymard podemos decir:

¡Cuán verdadera y enteramente nuestro es, por tanto, Jesús sacramentado!

P. Eymard


c.- La unión de los amigos
Quería por último detenerme en la tercera característica del amor. El amor exige la unión entre el amante y el amado. Santo Tomás de Aquino le llama la “mutua inhesión” que consiste en que el amante está en el amado y el amado en el amante. Los amigos no solo están unidos sino el uno en el otro y el otro en el uno.
El Cardenal Ratzinger en aquella homilía con la que comenzaba el Conclave para elegir Pontífice y en la que el pobre sin saberlo él se puso en primera fila para ser elegido Papa comentó el Evangelio en el que Jesús llama a sus discípulos amigos. El futuro Papa siguiendo la palabra de Jesús definía la amistad por dos aspectos. El primero, entre amigos no hay secretos, y porque Jesús nos quiere como amigos, decía Ratzinger, nos da a conocer su “secreto”, su intimidad, es decir “todo lo que escucha del Padre”.
Santo Tomás de Aquino es muy profundo cuando habla de este aspecto de la amistad y nos dice “Cosa propia de la amistad es que el amigo vive en el conocimiento de su amigo y el amante está en el amado en cuanto al conocimiento porque no se contenta con un superficial conocimiento del amigo porque quiere llegar hasta lo más íntimo. Por eso, dice Santo Tomás:

“El Espíritu Santo todo lo escudriña hasta lo más íntimo de Dios”.

Santo Tomás de Aquino


La segunda nota de la amistad explicaba el Cardenal Ratzinger es la comunión de voluntades entre los amigos. Santo Tomás cuando describe esta segunda nota, considero que, llega a la cima de todas las reflexiones que se han hecho sobre la amistad. Dice el Santo de Aquino que El amante está en el amado porque el amante quiere los bienes del amado. En cuanto a la voluntad porque toma la voluntad del amigo como si fuera su propia voluntad. No quiere sino lo que quiere su amigo.

Esto lo vemos en nuestra experiencia cotidiana. La perfecta amistad es cuando lo que tú libremente quieres lo quiere el amigo. La amistad perfecta consiste en amar la libertad del amigo. Que se saca de una persona si hace lo que tu quieres, pero no lo quiere. En el matrimonio se entrega la libertad. La tenemos para darla y el valor se cifra en que se entrega. Por la libertad podemos autoposeernos y por la libertad podemos darnos.


La amistad quiere la voluntad de su amigo. Quiere la voluntad íntima de su amigo. No la ama desde fuera quiere lo íntimo de su amigo. Por eso se requiere un cierto tipo de semejanza. No se puede dar amistad propiamente dicha entre el padre y el hijo… Y ¿entre el hombre y Dios? Se pregunta el Aquinate respondiendo: si porque Dios nos hace semejantes a El y podemos tratar a Dios como un amigo. Dios nos da la caridad que nos diviniza y por eso podemos tratar con el cómo “semejantes”.
Este es el milagro de la Eucaristía. Con Ella Jesús nos hizo sus amigos; no sólo nos ha dado a conocer su intimidad, sino que nos hace capaces de querer lo mismo que quiere El. Si, en virtud del milagro que realiza en nosotros la comunión Eucarística podemos decir con Jesús: “Este es mi cuerpo que se entrega, esta es mi sangre que se derrama”. Haciendo de nuestra vida un don una entrega a Dios y a nuestros hermanos; prolongación de aquella misma entrega que Jesús realizó un día desde lo alto de la Cruz
Dice el P. Eymard: “Oíd a la madre expresar esta idea, cuando abrazando al hijo de sus entrañas, le dice: «Me lo comería». Jesús se somete también a esta ley del amor por El establecida. Tras haber convivido con nosotros y compartido nuestro estado, se nos da a sí mismo en Comunión y nos funde en su divino ser”
Y concluye: “El amor nos hace vivir con Jesús, presente en el Santísimo Sacramento, nos hace partícipes de todos los bienes de Jesús; nos une con Jesús”.
Vemos, así como todas las exigencias de nuestro corazón quedan satisfechas en la Eucaristía

3.- Responder a la Eucaristía como necesidad del corazón

¿Pero cómo hacer esta experiencia de Eucaristía que sacia la necesidad de nuestro corazón?
Para descubrir el misterio de la Eucaristía tenemos que entrar en ella desde el trato con Jesucristo, un trato vital, fervoroso que consiste en un movimiento que va desde nuestro corazón al suyo. Esto sólo es posible si tomamos una actitud contemplativa, si nos paramos. Es una invitación a que en medio de nuestras ocupaciones pongamos como prioridad el tiempo para estar a solas con quien sabemos que nos ama. “Toda persona necesita un “centro” en su vida, un manantial de verdad y de bondad del cual tomar parte para afrontar las diversas situaciones y la fatiga de la vida diaria. Cada uno de nosotros, dice el Papa, cuando se queda en silencio -¡Cuánto nos cuesta! – no sólo necesita sentir los latidos de su corazón, sino también, más en profundidad, el pulso de una presencia fiable, perceptible por los sentidos de la fe y, sin embargo, mucho más real: la presencia de Cristo, corazón del mundo” (Ángelus, 1 de Junio de 2008) o en aquellas palabras de Juan Pablo II en “Ecclesia de Eucharistia”: “Es hermoso estar con Él y, reclinados sobre su pecho como el discípulo predilecto (cf. Jn 13, 25), palpar el amor infinito de su corazón. Si el cristianismo ha de distinguirse en nuestro tiempo sobre todo por el «arte de la oración», (48) ¿cómo no sentir una renovada necesidad de estar largos ratos en conversación espiritual, en adoración silenciosa, en actitud de amor, ante Cristo presente en el Santísimo Sacramento? ¡Cuántas veces, mis queridos hermanos y hermanas, he hecho esta experiencia y en ella he encontrado fuerza, consuelo y apoyo!”
La santidad consiste en entrar de lleno en esta corriente de amor que brota del Corazón de Jesús. “El lema del Cardenal Newman: «de corazón a Corazón» nos da la perspectiva de su comprensión de la vida cristiana como una llamada a la santidad, experimentada como el deseo profundo del corazón humano de entrar en comunión íntima con el Corazón de Dios” (Benedicto XVI, Homilía en la Beatificación del Cardenal Newman).
Decía Santa Teresita: «Yo no veo el Sagrado Corazón como todo el mundo. Yo pienso que el corazón de mi Esposo es sólo para mí, como el mío es sólo para él, y por eso le hablo en la soledad de este delicioso corazón a corazón, a la espera de llegar a contemplarlo un día cara a cara» (Cta. 122)
«Sin mostrarme, sin hacerme oír su voz, Jesús me instruye en secreto; no lo hace sirviéndose de libros, pues no entiendo lo que leo. Pero a veces viene a consolarme una frase como la que he encontrado al final de la oración (después de haber aguantado en el silencio y la sequedad): «Este es el maestro que te doy, él te enseñará todo lo que tienes que debes hacer. Quiero hacerte leer en el libro de la vida, donde está contenida la ciencia del amor. ¡La ciencia del amor! ¡Sí, estas palabras resuenan dulcemente en los oídos de mi alma! No deseo otra ciencia»(Ms B, 1 rº)

¡La ciencia del amor! ¡Sí, estas palabras resuenan dulcemente en los oídos de mi alma! No deseo otra ciencia»

(Ms B, 1 rº)


A la amistad se llega después de muchas conversaciones. Es así “de corazón a corazón” como Jesús nos hace capaces y participes de su misma vida, de su amistad.

CONCLUSIÓN

Me viene al recuerdo el testimonio de tantos mártires en los que su amistad con el Señor en la Eucaristía ha llegado al punto de identificarse no sólo en su misma vida, sino incluso hasta el don de la misma a través del martirio. No voy a hablar de los mártires de Talavera porque aquí hay algunos que saben mucho de este tema, pero si quería recordar una anécdota que escuché al P. Pascual Cervera. Un sacerdote que descubrió su vocación sacerdotal gracias a Santa Teresa de Calcuta y que tuvo el privilegio de trabajar con ella 23 años. Contaba el P. Pascual que ejerciendo su ministerio en Nueva York le llamó la Madre Teresa desde Albania. Había llegado a su tierra natal para, después de décadas de persecución comunista, hacer una fundación de las Misioneras de la Caridad. La Madre Teresa le urgía a coger un avión para cuanto antes celebrar la Misa en aquella tierra de misión. No quedaban sacerdotes, habían sido asesinados y deportados todos durante la persecución comunista. Al día siguiente el P. Pascual llegaba a Albania. Se estremeció al contemplar los rostros demacrados de las gentes que pululaban por las calles de la capital, vestidos con harapos y sin saber a donde ir. Las monjas habían preparado en un descampado un altar para celebrar la Misa. Había poca gente. Tocaron una campana de Iglesia que estaba sobre el suelo.
El Padre empezó la Misa y se fue llenando aquel lugar de fieles que al llegar caían de rodillas ante el altar. Habían pasado años sin escuchar una Misa. De hecho, no sabían seguirla porque el Padre la decía en inglés y las gentes solo recordaban la Misa que se celebraba en latín. El momento más emocionante, relataba este sacerdote, llegó en el momento de la consagración. Cuando levantó a Jesús Eucaristía aquellas humildes gentes, entre lágrimas cantaron: “Christus Vincit, Christus Regnat, Christus imperat”. Al finalizar la Misa el Padre quiso preguntarles a las monjas que eran aquellas piedras que habían traído los fieles y porque llevaban todos como unos escapularios colgados sobre sus pechos. Las monjas explicaron al P. Pascual que las piedras eran restos de las Iglesias destruidas por los comunistas y los escapularios eran trozos de tela de los ornamentos de los sacerdotes martirizados. Estas reliquias y el recuerdo de sus sacerdotes les ayudaron a permanecer fieles a Cristo y a vivir deseando que un día Jesús Eucaristía volviera hacerse presente en aquellas tierras regadas por la sangre de los mártires.


Concluyo: Los mártires de la Eucaristía son los mejores testigos de que todo lo que les he dicho en esta conferencia es verdad. Ellos nos recuerdan que la Eucaristía es una necesidad del Corazón.


Santa Maria del Prado, Reina de esta ciudad nos ayude a crecer en la amistad con Jesús Eucaristía. Que Ella, “Mujer Eucarística” haga de nuestras vidas una ofrenda agradable a Dios y a nuestros hermanos los hombres. Muchas gracias.

José Mª Alsina